CALENDARIO EXIGAL

El calendario exigal fue uno de los experimentos más creativos y audaces que se llevaron a cabo bajo la bandera de ÉXIGO. Tras mucha deliberación y esfuerzo he logrado desempolvar el mecanismo que lo hace funcionar y he conducido las operaciones necesarias para actualizarlo. A continuación se presenta el texto introductorio original –fiel copia del publicado en ÉXIGO 3. De antemano debo disculparme por el tono soberbio de la prosa de mi juventud, plagada, entre otras cosas, con un uso exagerado del adjetivo y el adverbio. Sin embargo, ÉXIGO no sería tal sin el abuso lingüístico y moral que acompaña a las vanguardias…

LA TRISTE HUMILDAD, Y LA HERENCIA DE COPERNICO

Se nos ha preguntado con insistencia qué significa ÉXIGO. La respuesta, en no pocos casos, apenas si ha causado reacción. La duda, como siempre, ha sido mejor recompensa que la certeza, pero como la humanidad nunca aprende de sus errores, son pocos los que se han conformado con el dulce licor de la imaginación, con la más perfecta de las compañías, la del vacío. Es entonces cuando, en busca de certezas ajenas que suplanten las ignorancias propias, se exportan explicaciones que no complacen, pero que calman la curiosidad y apaciguan la terrible angustia que implica para el mediocre un ejercicio mental, en fin, que dan descanso al miembro menos empleado de todo el cuerpo, al cerebro, después de su insensato intento por salir del letargo y funcionar para algo.

Ha sido igualmente grande la expectativa que se ha creado con el uso de nuestro propio calendario. Pregunta inexorable ha sido la concerniente al PALUS PUTREDI y el “día primero de Completa”. Una vez más, hemos sucumbido ante la disatisfacción y la defraudación que implican tanto la asimilación del hecho de vivir en torno a tal falta de creatividad y de espíritu disyuntivo e investigativo, como el de encontrarnos otra vez, incomprendidos y solos en este mundo. Sin embargo, y a pesar de la derrota inminente que supuso en un primer momento este factor, nos hemos repuesto, proponiendo la construcción de un mundo mejor, o debería decir, un mundo más exigal, ya que uno mejor no cabe ni dentro de las concepciones más positivas. Nos propusimos destruir íntegramente el edificio de podredumbre en el que nuestra sociedad se aloja, con el primer número de ÉXIGO… lo logramos. No obstante, y a manera de prevención, dispusimos de las herramientas más feroces y agudas en el segundo número, aquellas que por su peligro fueron enajenadas del primer ejemplar, para servirnos en una tarea aún más soberbia y ambiciosa que la inicial: excavar hasta lo más profundo del terreno, y extraer del oscuro abismo todos los basamentos sobre los que se fundaba aquella construcción… misión cumplida. Si ha quedado alguien en pie, si apenas una persona ha sido capaz de comer y digerir sin problemas ÉXIGO, si hay hasta ahora algún ser humano vivo en esta Tierra, entonces hay esperanzas… jbienvenido sea, companero!, hágase mostrar. Sin embargo, todos aquellos que hayan sucumbido en la línea de fuego, todos los que no pudieron soportar el dolor de verse reflejados en las ásperas hojas de la verdad (entre los que se considera más perdedor que ninguno el que, al haber contado con la suerte de tener entre sus manos la nueva revelación, la haya simplemente hojeado desinteresadamente para desecharla después, como se deshizo de su cualidad de SER siglos antes, cuando aún pertenecía a la raza humana y por inercia dejó de serlo al preferir ser contado entre los cretinos), éstos son los más afortunados de todos, ya que son ellos los niños de nuestro presente, ignorantes e inocentes, y son precisamente los que están más aptos para recibir las enseñanzas de quienes, por naturaleza, son superiores. Sin duda, el aprender será una experiencia totalmente novedosa para ustedes, sin embargo, no desmayen, ni se atemoricen. El reto al que se enfrentan es el primero, probablemente el único que encontraran en su vida; su devenir se definirá por lo que saquen de él.

Como todos los grandes genios de nuestra cultura, el señor Copérnico hizo uno de los descubrimientos más fabulosos y revolucionarios que se pueda imaginar. La capacidad disyuntiva de tal ilustre fue el comienzo del momento más avasallante de nuestra civilización; el universo como infinito en equilibrio produjo tal impacto en la concepción del todo occidental, que contemporáneamente surgieron personalidades mágicas que cargaron sobre los cielos más altivos y orgullosos, en sus brazos, la cuna de nuestra cultura, y la depositaron en un jardín edénico donde se entretuvo por siglos. Pero a medida que crecía el monstruo engendrado en esa cuna, caía inevitablemente, y víctima de su propio peso, por la fuerza de gravedad, el engendro y su contorno. Es así como fue posible que quien una vez se encontrara en las alturas del conocimiento, fuese desterrado de tal manera al marrón cuarto del relativismo, del que aparentemente no hay salida, y que, de haberla, simplemente nos depositaría en un infierno que hace parecer los anillos de Dante una agradable tarde soleada en la playa. Sólo existe una condición peor a la de la simple ignorancia: el saberse ignorante sin hacer nada al respecto. Luego, no podemos más que agradecer infinitamente al señor Copérnico, al señor Newton, al señor Einstein, al señor Oppenheimer, por sacarnos de nuestra ignorancia, por alimentar con carbón la locomotora del progreso, por acelerar su curso. Sin embargo, si de algo nos ha servido la teoría que Einstein formuló, y que a la vez formuló el siglo completo, es simplemente para notar que ante la ausencia de un absoluto, se puede escoger entre las bajezas de lo relativo la más limpia, la más apropiada para el desarrollo cabal de la humanidad. Esta posibilidad se presenta sólo en un siglo poblado por la atrocidad, entregado, en su totalidad, al diablo, dispuesto a placer, por él. Escoger una de las posibilidades no implica ignorar el resto, sino supeditarlas a la más relevante. En la medida en que podemos aprovecharnos de todas aunque nos guiemos por una sola, en cuanto una visión diferente nos nutre, pero no nos ciega, proponemos la vuelta a la visión universal ptolomeica; proponemos, una vez más, convertir a la tierra en el centro de su universo.

Esta propuesta puede parecer desquiciada a simple vista, pero examinada objetivamente, se notará que es la única salida para el mar de opiniones sin cabeza que nos destinan inevitablemente a un naufragio eterno e irrevocable. Si bien es cierto que el sol, cabecera de nuestro sistema, nos ilumina, y por su gravedad y atracción hace que giremos a su alrededor, exactamente por la misma razón, ocurre el mismo fenómeno entre nosotros y la luna. Es decir, siendo parte ínfima de un universo interminable, giramos alrededor de una insignificante estrella que glorificamos a pesar de que ella es una subalterna de la peor categoría en una jerarquía cósmica inabarcable. Sin embargo, y a pesar de que nosotros mismos somos centro de gravedad de otro planeta, esto queda completamente descartado, despreciando a la luna como satélite, y minimizándonos ante nuestra insignificancia, sin resaltar nunca que en nuestra esencia se encuentra por naturaleza el ser gobernantes, del mismo rango que el sol. Triste humildad y pobre criterio, pero sobre todo torpe ligereza, el no notar la magnitud de nuestra posición, el privilegio divino que se fue entregado al mundo con su nacimiento. Si bien es cierto que la vida sin el sol sería imposible, nunca hemos negado tal realidad; simplemente hay que dejarlo servirnos, permitirle el privilegio de que sus rayos tengan buena acogida sobre nuestros solapados terrenos y aconsejarle que se mantenga de nuestro lado, sin envidias ni rencores. Seguramente accederá. Mientras tanto, alimentando el ego y aumentando la fuente de soberbia y grandeza, se debe acosar a la luna, adaptarla a nuestras exigencias, mantenerla cerca, vigilarla, consentirla como a toda buena presa, y sin que lo sepa, adueñarnos de ella.

Se dirá que jugamos a ser como aquel rey, hecho famoso por Saint Exupery, pero visto tantas veces antes, que siendo gobernante de su pequeño reino que giraba y giraba, apenas si tenía tiempo para dar las órdenes que se debían cumplir… el que amaneciera y oscureciera. Pues bien, que así sea, ordenemos al sol a salir, a calentarnos, a dar vueltas y a desaparecer nuevamente, eso sí, siempre con delicadeza, con el respeto que merece quien poder posee; mientras tanto, agobiemos a la luna con nuestros caprichos y deseos. ¿Es que acaso no resulta tan bella en su salida nocturna, mientras enorme y ambarada, melosa aún por lo complaciente que es servirnos, cuando aparece para anunciarnos la llegada de nuestro merecido descanso, como lo es el sol descendiendo con un torrente de colores y una infinidad de lenguas fulgurantes que adornan la atmósfera? ¿Es que acaso no merece tanta admiración aquella que gira a nuestro alrededor, como del que alrededor giramos? Ciertamente no. Ella merece más, porque el exceso que le otorguemos es enteramente nuestro, y nos alimenta, como una planta se alimenta a sí misma mientras permite que respiremos. Así mismo debemos actuar, como gobernantes exigentes pero a la vez magnánimos, porque es esta exigencia la que nos devolverá la gloria perdida.

Y entonces, ¿por qué no suplantar el calendario solar por uno lunar que nos recuerde nuestro poder, mientras a la vez nos rebele contra el pasado que nos ata al fracaso?
Es eso, y nada más, lo que se ha propuesto ÉXIGO, desatar las cadenas, abrir la esposas que nos unen como siameses por siempre en nuestra búsqueda por el éxito, a las inclementes extremidades de la mediocridad y la falsedad, que se extienden mas allá de donde abarca la vista, y nos cercenan el espíritu. A partir de hoy no conoceremos más los nombres de los días, serán denominados por su número progresivamente, del uno al siete, de cada una de las cuatro semanas que conforman el mes: la semana nueva, la creciente, la completa y la menguante. Cada día constara de veinticinco, no veinticuatro, horas para lograr la concordancia temporal con el ritmo lunar. Habrá, igualmente, doce meses al año, sin embargo, serán éstos catalogados por los nombres de las principales fallas geográficas lunares. Así el primer mes será el Oceanus Procellanum (Océano de Tormentas), seguido este por el Mare Imbrium (Mar de Lluvias), el Palus Putredi, (Pantano de Decadencia), Sinus Ronis (Bahía de Rocío), Mare Frigori (Mar del Frío), Palus Somni (Pantano del Sueño), Sinus Medii (Bahía Central), Mare Nubium (Mar de Nubes), Mare Criseum (Mar de Crisis), Mare Vaporum (Mar de Vapores), Lacus Somnirium (Lago de los Sueños), y Sinus Aestetum (Bahía de Ebullición). Adicionalmente, habrá un día de descanso (una Pausa Menguante), habilitado por períodos trimestrales, en el cual se exhortara a la examinación y a la meditación, y que servirá, además, para ajustar las diferencias existentes entre el tiempo de circulación lunar y nuestro calendario. Evidentemente el número de días del año será reducido a trescientos cuarenta, equivalentes a trescientos cincuenta y cuatro de los días antiguos. Los restantes once días crearan una discordia con respecto a la revolución terrestre alrededor del sol, pero si hemos podido vivir (mal, pero lo hemos logrado), con una discordia entre nuestro calendario y la revolución lunar, podremos hacer lo mismo con el sol.

El mundo está de cabeza, y si enderezarlo implica invertir todos los conceptos hasta ahora establecidos, ÉXIGO está dispuesto a lograrlo.

 
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