Notas de un sabueso lingüístico unido a la caza del relámpago

Homenage a Eugenio Montejo

Caminaba sin rumbo por las calles despobladas de la ciudad de Viena una triste tarde de verano en la que el otoño se apoderaba del cielo, cuando sin motivo ni razón una llamada ciega dirigió mis pasos hacia el colosal edificio que alberga a la Biblioteca Nacional de Austria. Una vez allí me dirigí, aún sin conocer mi destino, hacia la sección de libros en lengua extranjera.

Habitaciones debidamente ventiladas alojaban entre vidrios y espejos copias de los folios de Shakespeare, de las novelas de Cervantes, de los poemas de Villon e, inclusive –maltratados, pero legibles–, de los Sonetos a Laura. Desinteresado y presuroso pasé por este recinto a sabiendas de que no era esto lo que buscaba, aunque aún sin saber qué era lo que debía encontrar. Crucé a la izquierda, tropecé con una interminable escalera en espiral, bajé dos pisos y terminé en un cuarto húmedo (tuve que tapar mi nariz al entrar para contener el disgusto) y mal iluminado que parecía más bien el cuarto de máquinas de un buque del XIX que un legítimo espacio de preservación bibliográfica.

Fue en este infierno de libros donde encontré, descartado bajo el condensador malogrado de un aire acondicionado sin reparar, el único panfleto de la magna colección que logró captar mi atención: se trataba de La caza del relámpago, de Lino Cervantes. Inmediatamente intuí que el libro había sido extraviado, que algún funcionario sin mejor oficio desperdiciaba las horas de su día laboral escudriñando cada esquina de aquel palacio literario, buscando resarcir la ligereza de otro funcionario con menos criterio, quien, probablemente por algún descuido, había extraviado el valioso panfleto. Sin embargo, después de poco tiempo noté con desmayo que era ese, en realidad, el espacio que la Biblioteca Nacional de Austria dedicaba a la literatura venezolana. Armado de valor por la fuerza de mi intuición y el descuido brindado por el bibliotecólogo vienés, deslicé el panfleto en mi mochila y, acto seguido, emprendí mi partida. Al llegar a la salida de la Biblioteca, la puerta me agradeció el gesto de librar el edificio de basura, lo cual mitigó mi admiración por el impulso acaparador del imperio, aunque no logró disminuir el entusiasmo producido por mi hallazgo.

Las semanas siguientes fueron dedicadas exclusivamente al estudio exhaustivo del desarrollo del coligrama, aquel revolucionario descubrimiento lingüístico explorado por Blas Coll y su círculo de discípulos, en Puerto Malo, Venezuela. Tal estudio se vio dificultado por el deplorable estado en el que la humedad de aquel cuarto había dejado el manuscrito de La caza del relámpago que se encontraba en mis manos. No cabe duda de que, de haber permanecido en aquel depósito algunos años más, sus páginas se habrían desvanecido en el aire, sumiendo en el olvido para siempre los valiosos experimentos contenidos en su interior. Sin embargo, la fortuna tuvo el antojo de salvar algunos (nunca sabremos si entre ellos se encuentran los mejores o los peores) de los coligramas del egregio Lino Cervantes de las garras del tiempo. Es precisamente por recalcar la importancia del coligrama, así como para hacer justicia a la invaluable labor de los colígrafos en general, y en particular de Lino Cervantes, el más excelso entre ellos, que me aventuro a publicar las correcciones que se presentan a continuación.

Entre las páginas de La caza del relámpago, el distinguido señor Cervantes explica el proceso poético como “la reducción progresista por medio de la síncopa de un primer verso, dádiva de los dioses, en una palabra monosilábica, en un núcleo gutural”. Sin embargo, el coligrama no es una entidad completa si no presenta cada uno de los pasos que integran esta reducción a la “desnudez fonética”. En este sentido, el coligrama se presenta a la vez como experimentalismo lingüístico y como pieza didáctica. Es gracias al aspecto didáctico del coligrama del ilustre Lino Cervantes que la siguiente exégesis es posible. Del corte trasversal y aleatorio de la obra del distinguido señor Cervantes que sostengo en mis manos, tomo el primero de los coligramas legibles como ejemplo de la torpeza metódica del genio de Puerto Malo. Lino Cervantes recibe de manos divinas el verso, “De milagro en milagro abro y cierro los párpados”. Esta inspiración es suficiente para desentrañar el instante pre-lingüístico y rastrearlo de la siguiente manera:

De milagro en milagro abro y cierro los párpados
Magro en magro abierro párapos
Magren magro bierro parpos
Magren mabier parpos
Magrenma parpos
Magarpos
Marpos
Paur

Para ilustrar la fuente de mi desconfianza por la rigurosidad técnica de Cervantes me concentraré en esta ocasión sólo en el paso que delata con mayor claridad la gravedad de su error: el último de ellos, donde “Marpor” se sintetiza para convertirse en “Paur”, intercambiando la blandura de la [m] por la sonoridad de la [p] y culminando con el eco gutural de la [r]. Sin embargo, Cervantes propone reemplazar la [o] por una [u], tal vez en un intento por compensar la pérdida de la [m] y la [s]. En todo caso, lo cierto es que en la frase original –la fuente de inspiración divina que propicia el coligrama- no existe siquiera una [u] muda, mucho menos una sonora, por lo que su presencia en el núcleo monosilábico debe despertar sospecha.

El generalmente eximio Lino Cervantes quebranta así su propia regla de oro (“nunca añadirás la más mínima letra al verso recibido de los dioses”), otorgándonos licencia a través de su falta para examinar el resto de su obra coligráfica. El siguiente ejemplo, sacado de las páginas sobrevivientes de La caza del relámpago, servirá para hacer obvios los más comunes errores en el método de reducción lingüística de Lino Cervantes:

Yo fui escrito en el aire por un dios sin lámpara
Yuscrito naire prun dios sin lampra
Yuscrítere prun dios lámpar
Di cri tar lampa
Críter di lamp
Critampa
Triampi
Trian

De la dádiva celestial, “Yo fui escrito en el aire por un dios sin lámpara”, Lino Cervantes desprende “Suscrito naire prun dios sin lampra”. A pesar de que “lámpara” debiera reducirse a “lámpar” (Lino nota su error, y lo rectifica en el siguiente paso), esta reducción es, en términos generales, acertada. Sin embargo, el segundo paso ya incluye errores fundamentales que llevarán al desatino final de este coligrama: “Yuscrítere” debiera leer “Yuscrítire”, y, en lugar de prescindir de la preposición “sin”, ésta debería integrarse al sustantivo “dios”, convirtiéndolo en “din”. El caos sincopático que sigue difiere de manera importante con la interpretación del coligrama que propongo. Mientras Lino Cervantes otorga prioridad, primero a la rigidez dental de la [d] de “dios”, luego al redoble cáustico de la combinación [cr] de “escrito” y, finalmente, al trino de la [t] de la misma palabra, yo abogo por mantener una postura coherente durante todo el coligrama, enfocándolo en la locuacidad del pronombre “yo”, combinado con el verbo compuesto “fui escrito”, desplazado solamente al final por la facilidad verbal que propone la [p] de “por”. El resultado no puede diferir más drásticamente: Donde Lino Cervantes considera –ridículamente, en mi opinión– que “Trian” (¡Trian!) constituye el origen –el relámpago– de “Yo fui escrito en el aire por un dios sin lámpara”, yo consigo una conclusión tanto más factible como elaborada (aunque, debo admitirlo, menos intuitiva): “Pryum”. He aquí mi versión completa del coligrama relevante:

Yo fui escrito en el aire por un dios sin lámpara
Suscrito naire prun dios sin lámpar
Yuscritire prun din lámpar
Yuscrire prin lampa
Yucrir prin lamp
Yurprinlam
Yurpriam
Pryum

Creo que el momento es propicio para recalcar que, a pesar de su grave falta de aplicación metódica, el genio de Lino Cervantes a menudo lo lleva a deambular por los valles de su error para desembocar, como por arte de magia, en las orillas de la verdad. Tal es el caso con el siguiente coligrama:

De mis naufragios traigo este río de la mano
Dis naufragos tagreste río dal mano
Dis naufragos tagrío dámano
Fragotorri dámano
Gotorri dano
Rigódano
Randi
Drian

Sin embargo, en la medida que el coligrama sólo se convierte en una obra completa cuando abarca su aspecto didáctico –es decir, cuando se considera la relación de cada uno de los elementos que integran la reducción lingüística que lo conforma–, en esta medida, sugiero, este coligrama es un fracaso rotundo. El primer error de Lino Cervantes se encuentra, evidentemente, en el paso inicial, donde “tagreste” tergiversa la ubicación de la importante [r], la cual debería estar situada entre la [t] y la [a] (es decir, “tagreste” debiera leer “trageste”). Como consecuencia directa de esta confusión, Lino arrastra una [r] fuera de lugar a lo largo de todo el coligrama, siendo ella causa probable de su impulso por supeditar la simpleza del “Dis” inicial por la complejidad evolutiva de un “Fragotorri” que se convierte en “Gotorri”, para invertirse en “Rigo…” y culminar en “Randi”. Continuando mi agenda en favor de la coherencia metódica y la simpleza estilística, propongo como alternativa apoyar la preeminencia del “Dis”, mantener esta raíz como fuente inspiradora del relámpago y, por supuesto, re-posicionar la [r] en “tagreste” para conseguir un coligrama que esté mas próximo a la realidad reductiva del proceso lingüístico. He aquí el resultado:

De mis naufragios traigo este río de la mano
Dis naufragos tragaste río dal mano
Dis naufragos tragío dámano
Dis fragio dámano
Dragio dano
Dragiano
Draian
Drian

Podrá notarse con sorpresa y acaso gran admiración que la conclusión del coligrama de Lino Cervantes comulga con el descubrimiento gutural de mi esfuerzo. La razón de esta comunión obedece a la genialidad lingüística del admirable señor Cervantes, quien a pesar de su descuido técnico, poseía un talento para las letras que bordeaba lo sobrenatural. Sin embargo, en mi opinión, el aspecto didáctico del coligrama que he incluido en estas líneas presenta tantas ventajas por sobre el contraparte producido por Lino Cervantes que me parece espurio comenzar a enumerar las virtudes del método que aquí propongo.

En definitiva, creo haber demostrado más allá de cualquier duda razonable que la obra del excelentísimo Lino Cervantes presenta en su corpus una opulencia previamente ignorada de oportunidades de reforma, enmienda y, en conclusión, mejora, que permitirán en última instancia desarrollar un sistema de comunicación completo, simple y primitivo cuya incorruptibilidad garantizará la eficacia del intercambio entre humanos y, por qué no, inclusive el resto de los animales de nuestro planeta. Agradezco a las Parcas haber guiado mis pasos sobre el suelo mojado de la otrora capital imperial hacia aquella habitación húmeda y olvidada, donde encontré la labor que me llevará a las costas de mi tumba. Sé que por mi parte, mi determinación por contribuir al progreso de la lengua no desfallecerá jamás, y sólo pido a los dioses la lucidez mental y la agudeza sensorial necesarios para captar las señales que acompañan a las dádivas divinas que constituirán la materia prima que he de utilizar en el curso de los años. Por lo pronto, concluiré estas breves líneas con un coligrama propio, de inspiración original, el cual considero mejor logrado que cualquiera de los de la obra de mi atrevido, pero inexorablemente humano, predecesor, Lino Cervantes:

Por el dulce milagro de escribir sobre cristal
Prel dulcilagro describir sobre cristal
Prel dulagro describir sobristal
Prelulagro describir sobrista
Prelagro describrista
Pregro descrista
Pregrescris
Pregris
Preis

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3 thoughts on “Notas de un sabueso lingüístico unido a la caza del relámpago

  1. Y al fin de todo, si algún fin existe,no quedarán palabras, son inventosdel hombre iluso que inventó la tierra;(…)"Al fin de todo", Eugenio Montejo en Adiós al siglo XXPreis,BCCPD: Ahora con más razón me compro el libro y me pongo a hacer coligramas.

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  2. Estimado Kobbecito, en virtud de que la locura y la enfermedad son los hilos conductores de nuestra amistad, me atrevo a hacer algunas observaciones que enriquecerán, desde el punto de vista fonético, tu acertado análisis:En primer lugar, estrictamente hablando, la [p] no es una consonante sonora; al contrario, es una oclusiva sorda pues las cuerdas vocales no vibran al emitirse. La ‘sonoridad’ a que te refieres, creo, se debe precisamente a que la oclusión se rompe para dejar salir el golpe de aire. Se trata de potencia, explosividad, en mi opinión. En segundo lugar, la [r] no es una consonante gutural. Sea doble o simple, la [r], conocida como una consonante líquida, es hermana de la melodiosa [l], y prima hermana de la [d]. La estrechez de los sonidos guturales está lejos de esta alveolar. Tal vez es más apropiado el adjetivo ‘vibrante’. Finalmente, la tergiversación entre ‘tagreste’ y ‘trageste’ a que haces referencia es un simple caso de metátesis; una alteración a la que son susceptibles las líquidas, como en ‘Gabriel’ y ‘Grabiel’. Del latín al castellano hay múltiples ejemplos (parabola > palabra), y en muchas ocasiones la metátesis se debe a la analogía con alguna palabra de uso más frecuente. Posiblemente Cervantes tenía en mente la palabra ‘agreste’, pero no me atrevo a aseverarlo pues el estudio lexical está fuera de mi área de competencia.Espero que estos comentarios ayuden a esclarecer la cacería lingüística que has emprendido, y que el relámpago literario no termine de freírnos el coco…Besos,Egan

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  3. Transcripcion de un fragmento de correspondencia con Eugenio Montejo:"Estimado Montague Kobbe:He leído sus amables líneas a propósito del libro La caza del relámpago, así como el texto anexo, especie de especulación indagatoria de los coligramas escrita en forma de relato. No puedo menos que agradecerle su simpatía para con el libro y la minuciosa lectura que ha dispensado a sus páginas. Me llamó la atención lo que Vd. denomina "el sinsentido de mi obsesión", y la decisión de emprender la revisión que forma parte del relato más allá de cualquier justificación que no fuese el interés por ese puñado de páginas. La lectura de su relato me atrajo por el acometimiento pormenorizado de la revisión del cuaderno, hasta conseguir fundar un reparo en la introducción de una letra ajena al verso inicial de uno de los coligramas. Se trata del remplazo de una "o" por una "u", algo que el personaje de su relato rechaza, pero que de un modo general cumple la tendencia de nuestra lengua de sustituir en las derivaciones una vocal fuerte por una débil, como ocurre frecuentemente en la pronunciación, y ello en beneficio del diptongo que puede disolver el hiato.En todo caso, la consideración meticulosa de la escritura de los coligramas revela de su parte una sincera simpatía que le agradezco. Nada comenta Vd., sin embargo, del resumen de opiniones acerca del valor de estas composiciones, donde se incluye una gama de criterios muy amplia que constituye una parte interesante de la propuesta. En fin, gracias por su amable correo y por el relato nacido de la lectura de este cuaderno…"

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