Desorden ’ta en la calle… otra vez

Desorden Público, posiblemente la banda venezolana más influyente de la década de los noventa, ha vuelto a los estudios de grabaciones por primera vez en cinco años para producir su undécimo álbum: Los contrarios. Para promocionarlo, el septeto de Latin Ska ha organizado una gira europea que los ha llevado de paso por Madrid, Barcelona, Santiago de Compostela y Estepona, antes de continuar en su camino hacia el centro del continente.

Mezcla del son latino más esencial (mambo, guaracha, murga) con el ritmo pausado del Reggae (y el Dub) y las notas más agresivas del Punk británico el Latin Ska causó sensación en Latinoamérica en los ’90. Desorden Público fue uno de los pioneros en el ámbito, experimentando en fiestas y salones caraqueños con aquellos sonidos, aparentemente tan disonantes, que llegaron a producir joyas como “Skápate” (1988), “Ska de acá” (1990) y “Tiembla” (1994), antes de llegar a la cima del éxito con su cuarto álbum, Plomo revienta (1997), el cual incluía los míticos temas “Allá cayó”, “Valle de balas” y, sobre todo, “Latex”.

A pesar de que el concierto de Madrid coincidió con la celebración del orgullo gay, el aforo en la Sala Heineken de la capital fue casi total. Allí, con un poco de retraso y mucha expectativa por parte de un público predominantemente venezolano, se abrió una especie de portal que progresivamente fue fusionando aquel tiempo y espacio con otro de antaño, de otro lugar, hasta que ya nadie supo si aquello era Madrid o Caracas, 2011 o 1997.

Tras presentaciones en países germánicos, donde evidentemente la comunicación entre los músicos y sus escuchas fue algo precaria, la banda se vio completamente abrumada por la demostración de afecto –de intensidad– que le hiciera el público. La respuesta de Blanco fue tomarse un minuto para expresar, en el más profundo dialecto venezolano, “con ustedes sí que vamos a poder tripeá”. Y eso (pasársela bien) fue precisamente lo que hicieron por las próximas dos horas.

 

A medida que Desorden Público desenfundaba clásicos, la multitud, inicialmente algo pasiva, fue perdiendo todo semblante de reparo, todo tipo de cordura. Al mismo tiempo, el repertorio de la banda dejó claro que no se trataba este de un espectáculo dedicado a la nostalgia, pues gran número de sus canciones correspondían a sus últimos dos álbumes, el nuevo Los contrarios y Las estrellas del caos (2006) –según el propio Blanco un guiño y un tributo a las estrellas de Fania.

Entrada ya la segunda hora comenzó a sentirse ese je ne sais quoi que hace que un buen concierto se convierta en uno inolvidable. Horacio Blanco pidió a los espectadores que se sentaran en el suelo para un ejercicio de desahogo que culminó en un enorme grito colectivo, que desembocó en un baile incesante, que llevó a un desorden desbocado en el que tres cuartos del público se enfrentó de la manera que se acostumbra al bailar el Ska o el Punk – a saltos, brincos y empujones que hacen que todos reboten contra todos.

Y luego, lo insólito: Horacio Blanco, de gira por Europa y tras 90 minutos de concierto, hizo una pausa, hurgó en el bolsillo trasero de sus pantalones y produjo una billetera repleta de papeles de la que extrajo una estampa del doctor José Gregorio Hernández. La mostró, de lado a lado, con extremo entusiasmo y pidió en voz alta “que los ampare, los cuide y los proteja”. La reacción, instintiva y unánime fue un poderoso “Amén”.

Aún quedaba más – quedaba que Blanco se echara sobre el público, que practicara surf sobre los brazos de su gente, que perdiera por completo su voz y que, tras culminar el concierto, surgiera un coro espontáneo entre la muchedumbre, iniciado por una pequeña entusiasta de pulmones envidiables, pidiendo no “otra”, ni un “encore”, como habría de esperarse, sino, la “orquídea” que en los años ’80 otorgaba aquel programa televisivo venezolano, Sábado Sensacional. No hubo tiempo para orquídeas ni encores, y, de hecho no habían ya ni micrófonos casi diez minutos más tarde cuando, dada la persistencia del público presente, la banda se vio obligada a salir, a aplacar las expectativas y a complacer a los asistentes con una versión a capella de “Combate”, la cual cierra con la estrofa: “Desorden ’ta en la calle”.

Hasta allí llegó la fiesta –ya no daba más Horacio Blanco, casi mudo, ni tampoco el local, listo para ser evacuado. Pero la noche ya había dado de sobra y los que salieron de la sala en aquel momento estaban todos complacidos. Incluyendo a Desorden Público.

 

 

VERSIÓN EN INGLÉS PUBLICADA POR EL SUPLEMENTO WEEKENDER DEL DIARIO THE DAILY HERALD DE SINT MAARTEN EL 9 DE JULIO DE 2011.

 

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