En rojo: un mosaico de Caracas

En el paisaje editorial venezolano, la obra de Gisela Kozak representa no solamente una vertiente eminentemente alternativa sino que también es prueba fehaciente de que el mercado ha evolucionado considerablemente en la última década, al punto que la creación literaria de una escritora cuya voz reivindica la perspectiva de sectores ampliamente marginalizados (el femenino, el homosexual) se ha establecido firmemente como una de las más respetadas dentro del ámbito cultural nacional. Así lo demuestran sus dos libros de ficción, publicados por el gigante editorial Alfaguara (Latidos de Caracas) y el Grupo Editorial Alfa (En rojo), una de las casas de mayor abolengo en el país, en 2007 y 2011 respectivamente.

La más reciente creación de Kozak, En rojo, es un ambicioso compendio de 50 relatos, la mayoría de ellos hiper breves, a través de los cuales la autora ofrece retratos individuales de personajes variopintos y característicos todos, en su babélica variedad, de la sociedad venezolana. Una de las claves para la lectura de esta gran cantidad de retratos viene dada en el mismo subtítulo de la colección, donde se explica, entre paréntesis, que ella constituye una “narración coral”.
Así pues, los relatos incluidos en la antología muestran una polifonía interesante, aunque no siempre convincente. Kozak consigue esta multiplicidad de voces a través de diversos medios: en primer lugar, incorporando, prácticamente, el título en la narración, como es común en cuentos y aún más en poemas; además, entablando un diálogo entre él y un epígrafe diferente para cada relato, el cual a menudo es, de hecho, una continuación del propio título; y, finalmente, a través de una serie de referencias musicales, de Lavoe a Shostakovich, que contribuyen en buena medida a la caracterización de cada uno de los protagonistas.

De hecho, esta preocupación por fijar claramente el hilo musical de sus relatos es uno de los aspectos que liga En rojo a su predecesor de 2007, Latidos de Caracas. Otro punto de encuentro entre las dos obras es la importancia que cobra la estructura dentro de la propuesta de Kozak. En Latidos de Caracas esta circunstancia se manifiesta plenamente a través de la detallada descripción que se hace de la arquitectura de Caracas y, específicamente, de algunos de los edificios más resaltantes de la ciudad. La arquitectura de En rojo no es aludida, sino que se encuentra allí, en la distribución de los textos, en siete partes asimétricas que agrupan los principales tópicos en torno a los cuales giran los relatos.
En-rojo_Gisela-Kozak1A lo largo de estas secciones, Kozak enumera y describe detalladamente las carencias que aquejan a la sociedad venezolana. Empezando con “El gran despecho” de haber sufrido la derrota de aquel fallido golpe de estado de abril, 2002, Kozak orquesta un paseo por las pesadillas que provocan las “Instrucciones para ingresar en una nueva sociedad” a medida que ofrece un catálogo de las aberraciones a las que se somete todo venezolano: traición, abandono, conflictos, depresiones de las que, además, no se puede escapar con el exilio, pues la tragedia, la violencia de Caracas, siempre te persigue, sin importar a dónde vayas. Como antídoto contra la iniquidad con la que las cosas, todas las cosas, se ensañan contra los personajes de En rojo, Kozak propone un atisbo de esperanza en la confrontación de los deseos humanos contra una realidad que, al fin y al cabo, siempre termina por aplastarnos. Hasta que surge “El único esplendor”, inesperado, insólito y casi sin razón –se trata de aquellos breves instantes de la vida en los cuales la cordura, la lucidez o simplemente la complacencia permiten que nos sobrepongamos a la miseria y que sigamos adelante.

En rojo es un libro intrigante, tanto, o casi más, por sus defectos como por sus virtudes. Individualmente, los relatos de Kozak vibran con un potencial que rara vez llega a cumplirse. En parte, esto surge como una consecuencia de la mínima extensión de la gran mayoría de sus cuentos. De hecho, dos de los textos más impactante de la colección, “Ya que para despedirme” y “Vuelta a la patria” cuentan entre los más largos, donde Kozak ha tenido la oportunidad de expresarse con mayor sutileza. Y sin embargo, a pesar de que demasiados de los perfiles han sido esbozados con excesiva brusquedad, aun queda algo atractivo en su ejecución. Es casi como si un dibujante hubiese trazado un bosquejo fascinante con un lápiz demasiado fino, que atravesara el papel, o demasiado claro, que no permitiera verlo. Una a una, las líneas que conforman En rojo dejan, casi siempre, algo que desear; pero como unidad total, el libro devela una y mil veces las dimensiones reales de la bancarrota en la que está sumida la sociedad venezolana. Y ya eso es un gran logro.

RESEÑA COMISIONADA PERO NO PUBLICADA POR EL NUEVO HERALD DE MIAMI EN 2011.

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